En estas edades he tenido mis mejores orgasmos, he sentido menos placer culposo respecto al sexo, me he cuidado más y mejor, me he abandonado con total lujuria.
Puedo asegurar que sí. Después de los 30 he tenido mis mejores orgasmos, he sentido menos placer culposo respecto al sexo, me he cuidado más y mejor, me he abandonado con total lujuria al sexo. Más experiencias sin remordimientos de ningún tipo, he aprendido a explorar mi propio placer, a conocer mucho más mi cuerpo y hoy más que nunca disfruto a tope cada nueva y exquisita contracción de mis cavidades vaginales durante un intenso orgasmo.Hoy, no me molesta humedecerme si tengo cibersexo en la oficina, mientras estoy rodeada de papeles, entre una junta y otra, ni tener sexo salvaje con cariño o sin él un día entero en un hotel. Escorts mujeres. Tampoco me inmuta que mis vecinos odien los sonidos de mi cama y los que salen de mi garganta, vale decir, bastante profunda. Ni tampoco dejar sábanas manchadas de marea roja en hoteles del extranjero.
Luego de los 30, mis caderas han tomado una forma distinta, más redonda, y mis pechos, a pesar de que no tienen la firmeza de los veintes, siguen siendo hermosos, grandes, con pezones siempre erectos al primer contacto masculino. Y me encanta. “Las mujeres tienen mejor sexo después de los 30″, me dijo alguna vez un amigo cuando yo estaba en mis veintes. Y debo decir, eso no sucedió hace tanto. Digamos que no ha llovido demasiado.
En aquel entonces no me preocupaba el tema de la edad y la crisis de los 30 ni siquiera asomaba. Le pregunté a él por qué pensaba eso, si según yo, en esa época, con mis frondosos veintes, estaba en la plenitud sexual, tenía sexo maravilloso y no había fin de semana que no tuviera placer con alguien nuevo, conocido o por conocer.
Sexo arrebatado en los baños de las casas, en las fiestas particulares a las que me invitaban, en mi cama con alguien a quien ya no volvía a ver, con alguien a quien deseaba ya no volver a ver, con alguien de quien me enamoraba perdidamente, con amigas con quienes me gustaba experimentar luego de algunas cervezas con o sin testigos masculinos en el medio. ¿Acaso es que había algo mejor que eso?
Pues sí. En los 30. Hoy en día. Mi amigo en aquel entonces sólo me respondió “Ya verás”. Y fue todo. Ni una revelación adicional. Así fue que me quedé con la duda algunos años hasta hoy en que le doy totalmente la razón y le agradezco haberme revelado desde antes su profunda sabiduría.
Las mujeres después de los 30 no solamente somos más dueñas de nuestro placer y nuestro poder sexual, sabemos exactamente cómo llegar a él, cómo ascender hasta la cima del orgasmo y disfrutarlo sin ningún tipo de reparos. Sabemos qué y cómo les gusta a ellos, no somos tan niñas para fingir demencia con ciertas cosas ni tampoco unas viejas que por pudor se guarden con recato.
Sin embargo sí, hay cosas que cambian en contra. La frecuencia disminuye. Yo, hoy por ejemplo, prefiero pasar un fin de semana sola que acostarme con un tipo nefasto de bar. Una se vuelve más exigente. Sin embargo, cuando sucede de manera espontánea, incluso cuando se programa el encuentro, bueno, las cosas cambian. Puedo abandonarme al placer con total perversión, no importa si en dos semanas no hay un orgasmo en mi recámara.
Las cosas cambian también porque nos volvemos más organizadas y somos capaces de escribir en nuestra apretada agenda: Viernes 19, sexo con hombres escorts… hotel con … o en mi caso simplemente un “¡Oh!” que me indica que ese día, sin duda e inevitablemente habrá gritos, sexo, una cama mojada y diversión.
Hay cosas de las que debes percatarte cuando tienes sexo en los treintas: que la edad del chico en cuestión no te meta en problemas (por más que ese jovencito de 20 se te antoje, hay riesgos que no debes de correr). Algún día hablaré de mi “llaverito”, el apodo que le pusieron mis amigos al chico virgen con el que algún día salí y, al final, enamorado, me acosaba de manera casi psicópata y después ya no podía quitarme de encima.
No, es verdad, a los 30 las cosas en el sexo ya no son como alguna vez fueron. ¡Son mejores! Por eso, quienes están en los veintes tienen la oportunidad sí, de vivirlos, pero deben saber que siempre lo que viene es mucho mejor.
¿Qué si me molesta decir mi edad? Para nada. Hay una sonrisa cómplice en mi rostro cuando se lo digo a un chico porque ahí va implícita mi experiencia sexual, lo que ahora sé y lo que practico, lo que me gusta y lo que no. ¿Qué si quiero regresar a los veintes? No, gracias.
Las treintañeras no me dejarán mentir. Habrá experiencias más, anécdotas menos, pero estoy segura que cada una tendrá su propia versión de los hechos respecto de la calidad y frecuencia en el sexo que tienen ahora en relación con el que tenían antes. Y podemos coincidir en algunas cosas: ahora somos más experimentadas, sabemos qué queremos, cómo, de qué forma y cuándo. A ellos eso les encanta.
FUENTE: Por Nina
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